7 de diciembre de 2012

Porque Orizaba era de Orizaba y yo era de Xalapa

Hermoso y fugaz; así había sido nuestro romance. Un 27 de abril perfecto y efímero.
Orizaba era él. Usted disculpará si no le pongo nombre propio al protagonista, pero es que Orizaba era de Orizaba. Yo era de Xalapa, pero yo no tendré nombre, yo soy Letras.
Ambos bebíamos aquella noche, él más que yo, por supuesto. Un mojito en la mano y su aliento a hierbabuena: dos detalles que recordaría durante mucho, mucho tiempo.
-Rosalinda, ¿verdad?-, me dijo después de haber tropezado cuando sus ojos se toparon con los míos.
-No, mi nombre no es Rosalinda- le dije-, tú eres Roberto, ¿no?.
-No, mi nombre no es Roberto.
Y entonces Orizaba se dio la vuelta, pero yo lo detuve sosteniendo su mano, evitando así que éste se fuera; se quedó conmigo, se quedó junto a mí para no irse jamás.
Sus rizos, su barba, su voz, Oceransky y Sinatra, y a la mañana siguiente ya me sentía enamorada.
El Aleph, Erich Fromm, Lindo helado, una rosa y un beso, y la historia comienza a existir. 
Café con amantecado, paseo por la Xalapa nocturna, circo con tigres y un te amo de despedida, y entonces las cosas tenían que acabar, porque Orizaba era de Orizaba y yo era de Xalapa.
Un monitor de por medio, un ombligo horadado, Alfonsina y Neruda, y la relación no podía seguir más.
Un regalo de cumpleaños, un "no eres mi tipo" y un punto final, y entonces se fue para no volver jamás.
Y es que lo nuestro pasó tan rápido que no tuve tiempo para reparar en lo bonito que se habían dado las cosas. Y es que Orizaba era de Orizaba y yo era de Xalapa, y Orizaba no podía venir a Xalapa siempre que yo lo necesitara. Y, además, yo todavía no tenía idea de que algún día lo iba a necesitar.


"Un 27 de abril perfecto y efímero"

22 de agosto de 2012

Sola y ya.

De esperare era que así terminaran las cosas. De esperarse era que te irías y que al final me quedaría sola, como antes de verte aquella tarde soleada, flotando entre globos, brillando ante mi.
Como antes de hallar en ti cierto consuelo, cierta empatía, cierto, muy cierto amor.
Como antes de perderme en el sabor de tu boca, en el color de tu cabello, en tus tétricos ojos que ya no me ven.
Como antes de oírte decirme "muñeca", antes de sentirte diciendo "mi amor".
Sola como acostumbraba antes de ti, sola como debe ser ahora, sin ti.

Te diré que te amo y será la última vez,
solo si después de este "te amo" no recibo un "yo también".