22 de agosto de 2011

Tú, de nuevo tú.

Ven, quiero que me hagas sentir bonito de nuevo
Quiero ver que nada cambio
Ven, dame un beso de esos asesinos, 
esos que son tan peculiares de ti, amor.

Recuérdame por qué estoy contigo,
recuérdame lo que es sentir bonito,
quiero volver a pasar mis horas
perdida en tus pestañas

Y también quiero que me beses como si fueras a perderme
Quiero que me abraces como si no exitiera nadie más
Quiero que tus ojos no se cansen nunca de mi imagen
y tus manos estén siempre enamoradas de mi anatomía

Ven...quiero sentir bonito otra vez.




12 de julio de 2011

Cerré mis ojos y lloré...




Cerré mis ojos y lloré. La vida no era tan perfecta como aparentaba serlo.
Los pensamientos suicidas regresaban a mi después de tanto tiempo.
El reloj marcaba 3:54 am. Llevaba  2 horas pululando por mi habitación sin encontrar precisamente cual era el problema que me acongojaba. 
Quizás la culpa era tuya.  Sí, cierro mis ojos y cuando logro concentrarme apareces tú, aparecen tus abrazos para confundirme, recordándome lo que es sentir “bonito” y querer seguir viva. Aparecen tus profundos ojos cargados de indiferencia, para llenarme de desconcierto.
Pero, ¿Por qué querer suicidarme a estas alturas del juego, pensando en tus ojos oscuros? Tal vez porque quería morir bien feliz.
Cuando inició todo esto tan solo quería darte un beso.
Abro mis ojos: Siento como lentamente una fría lágrima recorre mi tibia mejilla derecha, llegando hasta la mandíbula y resbalando por mi cuello. Mi mirada está perdida en un insignificante punto del techo, y con ella me pierdo yo, me pierdo aún más.

Entre menos parpadeo más lágrimas se acumulan. Hacía tanto que esta  sensación no venía a mi. ¡Se siente tan bien el saber que no soy un objeto inanimado! Que suerte que aún estoy aquí para volver a sentir estas cosas que solo los vivos pueden experimentar.

Necesito querer morir para poder sentirme viva de verdad.

Es irónico que así funcionemos los seres humanos: Debemos estar al borde de la muerte para valorar lo que tenemos y lo importante que es disfrutar de tales cosas. Y lo peor es que no solo nosotros aprenderíamos una lección, si no también aquellos que piensan que habrán más días para empezar a amar al prójimo. Debería ser una ley de la vida aquello que dice que Solo a punto de morir nos van a dar ganas de vivir. Deberíamos de estar cerca de la muerte todos los que no sabemos valorar y los que no son valorados, aunque sea una vez en la vida.

Y, ahora, después de haberme perdido bien, solo quiero seguir intentando dormir: Seco mis lágrimas, cierro mis ojos, y te encuentro otra vez… Y me pierdo de nuevo…